Entre átomos y metáforas: un puente improbable
En apariencia, nada podría estar más alejado que la mecánica cuántica y la lectura minuciosa de una novela del siglo XX. Sin embargo, ambas prácticas comparten una sospecha radical: la realidad —física o literaria— no es un bloque compacto, sino una trama de posibilidades que sólo se define plenamente cuando alguien la observa o la interpreta. En física, el célebre experimento de la doble rendija mostró que una partícula elemental puede comportarse como onda o como corpúsculo según el dispositivo de medición, desafiando cualquier noción ingenua de objetividad sólida. El electrón, antes de ser registrado, habita un estado de superposición: no es aquí o allá, sino una constelación de probabilidades. La medición no se limita a revelar un dato oculto; lo constituye. Algo análogo ocurre cuando afrontamos un texto literario complejo, por ejemplo, una novela de stream of consciousness. Las palabras impresas, aparentemente inmutables, contienen capas de sentido latentes que no se actualizan por completo hasta que un lector, con su horizonte cultural y afectivo, las recorre y las reorganiza. El texto, lejos de ser una sustancia fija, se parece a una función de onda semántica que colapsa en interpretaciones siempre provisionales. La hermenéutica filosófica ha insistido en que entender un texto no es descubrir una esencia oculta, sino habitar un diálogo inacabable entre voces, contextos y prejuicios. Gadamer habla de fusión de horizontes; la mecánica cuántica, de decoherencia y colapso. El léxico difiere, pero la intuición es convergente: observador y fenómeno forman un sistema inseparable. Esta afinidad no implica confundir ciencia y literatura ni reducir una a la otra, sino reconocer que la aspiración a una perspectiva absolutamente neutral resulta, en el mejor de los casos, una ficción regulativa. El científico ajusta sus aparatos y sus modelos matemáticos; el crítico literario afina sus categorías narratológicas y sus claves intertextuales. Ambos, sin embargo, operan con marcos conceptuales que no son transparentes, sino históricamente situados. En este contexto, la noción de verdad se matiza. En física de altas energías, los resultados experimentales no son fotografías del mundo último, sino validaciones parciales de teorías altamente idealizadas. Del mismo modo, el análisis literario no aspira a clausurar el significado, sino a proponer lecturas más o menos fecundas, capaces de iluminar zonas de sombra del texto sin abolir su ambigüedad. Quizá la enseñanza más sugerente de esta convergencia sea una ética de la modestia interpretativa. Ni el lenguaje científico agota lo real ni el literario monopoliza la experiencia humana. Entre el laboratorio y la biblioteca se extiende un territorio compartido donde la precisión conceptual convive con la conciencia de sus propios límites, y donde aprender a leer —ecuaciones o metáforas— se vuelve, en el fondo, un mismo ejercicio de atención y responsabilidad.
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Answer the questions
1. ¿Cuál es la tesis principal del texto?
2. ¿Qué función cumple la comparación entre la superposición cuántica y el texto literario?
3. Según el texto, ¿qué papel juegan los marcos conceptuales del científico y del crítico literario?
4. ¿Qué se sugiere acerca de la noción de verdad en el ámbito científico y literario?
5. ¿Qué implica la "ética de la modestia interpretativa" mencionada al final del texto?
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