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Cerebros cuánticos y bibliotecas infinitas: un congreso que borra fronteras entre ciencia y ficción

Cerebros cuánticos y bibliotecas infinitas: un congreso que borra fronteras entre ciencia y ficción Un inédito congreso celebrado en Buenos Aires ha reunido a filósofos de la mente, físicos teóricos y críticos literarios para discutir hasta qué punto los experimentos mentales de la literatura anticipan, matizan o incluso corrigen los modelos de la neurociencia y de la física cuántica contemporáneas. Organizado por la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, el encuentro «Conciencia, infinito y simulación» congregó durante tres días a especialistas de América y Europa. El eje común fue una pregunta antigua formulada con herramientas nuevas: si todo lo que existe puede, en última instancia, ser descrito por ecuaciones, ¿qué lugar queda para la experiencia subjetiva, la ficción y la interpretación? La neurocientífica mexicana Laura Castañeda presentó resultados preliminares de un proyecto que combina resonancia magnética funcional con modelos de inteligencia artificial entrenados en un corpus de novelas en español y portugués. El objetivo es observar cómo el cerebro procesa narraciones que desafían la lógica causal clásica, como los relatos de Borges o Clarice Lispector, en comparación con textos de trama lineal. Según Castañeda, los primeros activan de forma sostenida redes asociadas con la monitorización de la incertidumbre y el pensamiento contrafactual. En paralelo, el físico teórico catalán Pau Rius defendió que ciertas paradojas literarias —como los bucles temporales o los mundos simulados que creen ser reales— pueden entenderse como laboratorios conceptuales que obligan a afinar las interpretaciones de la mecánica cuántica. Rius aludió, por ejemplo, a la llamada «hipótesis del multiverso narrativo», según la cual cada decisión de un personaje abre ramas de realidad ficcional comparables, en términos formales, a los universos paralelos postulados por Hugh Everett. Frente a estas lecturas, la filósofa argentina Emilia Vázquez advirtió contra lo que denominó «imperialismo explicativo» de las ciencias duras. A su juicio, reducir la literatura a simple banco de pruebas para teorías físicas o modelos computacionales traiciona su dimensión crítica y su potencia para cuestionar, precisamente, los marcos teóricos vigentes. Vázquez defendió una concepción de la ficción como espacio de resistencia hermenéutica, donde la ambigüedad no es un fallo del sistema sino una forma de conocimiento. El debate alcanzó su punto álgido cuando se discutió si los actuales sistemas de inteligencia artificial, capaces de imitar estilos de autores canónicos, pueden considerarse coautores o meras prótesis estadísticas. Mientras algunos ponentes celebraron la posibilidad de explorar «bibliotecas imposibles» generadas por algoritmos, otros recordaron que toda máquina presupone un conjunto de decisiones humanas, a menudo opacas, sobre qué textos, lenguas y tradiciones se consideran dignos de ser modelizados. Aunque el congreso concluyó sin consensos definitivos, dejó instalada una convicción compartida: pensar el futuro de la conciencia y de la realidad exige, hoy más que nunca, leer con la misma atención las ecuaciones que los cuentos.

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1. ¿Cuál es el propósito central del congreso descrito en el texto?

2. Según los resultados presentados por Laura Castañeda, ¿qué efecto tienen las narraciones no lineales en el cerebro?

3. ¿Qué objeción principal formula Emilia Vázquez respecto al uso de la literatura por parte de las ciencias duras?

4. En el contexto del artículo, la expresión «imperialismo explicativo» se aproxima más al sentido de:

5. ¿Qué preocupación comparten algunos ponentes respecto al uso de inteligencia artificial en la generación de textos literarios?

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